El niño y la naturaleza en el poemario de Luis Valle Goicochea

La poesía está presente en la vida de los niños desde siempre,  las rimas y canciones que no se cansan de repetir tienen esa musicalidad y cadencia que los lleva a jugar con las palabras y a disparar su fantasía. Quién mejor que un niño para nombrar con  palabras sencillas toda la belleza que llamamos poesía, quién mejor que un poeta con alma de niño para crear versos sencillos  que recreen la perfección de la naturaleza y de la vida cotidiana a través de su mirada.  

 

En esta fecha queremos rendir homenaje a uno de los poetas injustamente ignorado  en los planes lectores de las escuelas: el poeta que por primera vez escribió un poemario dedicado a los niños.  

El primer libro de poesía para niños

Era el año 1943 cuando el poeta Luis Valle Goicochea o “Vallecito”, como lo llamaban sus allegados, escribió una carta a su amigo Aurelio Miro Quesada pidiéndole que le hiciera el honor de prologar un poemario que tenía por título “Marianita Coronel”  y que era acompañado por el subtítulo Versos para niños. El poemario estaba dedicado al hijito fallecido de su amigo el poeta Manuel Moreno.  

Según cuenta Aurelio Miro Quesada en el prólogo de Obra Poética de Luis Valle Goicochea, recopilada por Francisco Izquierdo Ríos y  publicada por el Instituto Nacional de Cultura en 1974, el poemario para niños nunca fue publicado y solo en el año  1947 , la revista “El deber” de Arequipa  “dio a conocer doce de las canciones y, ya muerto el poeta, otras se publicaron en Trujillo en los cuadernos bimestrales de poesía”.

Posteriormente, en el año  2005, el poeta Jorge Eslava recopiló y prologó  toda la obra de Luis Valle Goicochea,  que fue publicada  por la Universidad Alas Peruanas. En esta edición se publicó el poemario completo “Marianita Coronel” bajo el título “Al oído de este niño” que, a diferencia del anterior, contiene  sesenta y cuatro poemas, algunos inéditos.  

La sencillez de lo cotidiano  

Los poemas que conforman este libro conmueven por su candor, por las imágenes que proyectan a través de los versos que se enlazan y se tejen mostrándonos nuestros propios recuerdos de infancia.  

Los versos son de métrica corta, en su mayoría  octosílabos y hexasílabos, es frecuente el uso de  la rima asonante, lo que les da un carácter de romancillos. El lenguaje es sencillo, aunque sonoro. No abundan las  metáforas, pero las que hay conmueven : “un árbol de estrellas”, “las palabras eran perlas/ y era el cuento una joyita”. Se usan comparaciones: “ de tan viejos parecían / que criaban telarañas” para referirse a los ojos nublados de Marianita Coronel o la otra comparación en que dice “… que esta presa como/ el pez en la red”. Los diminutivos abundan en algunos poemas y dan una idea de ternura, el poeta  recoge y reproduce  el habla dulce de la serranía: “la noticia buena/tiene dos patitas/ las polleras de oro/ y una coronita”.

Un rasgo marcado es el didactismo sutil y en muchos casos humorístico que se desprende de algunos textos: “Ser buenito me promete/desde ahora ¡que lo sea!/y urgido así no me vea/de tener que ir por el foete.” Se alude al castigo físico, al uso  del latiguillo  pero  lo hace   en forma jocosa: “Duerme por ahora/ latiguito feo”. O en el caso del niño inquieto : “A este chico  tarabilla / yo no sé si echarlo al río”, semejante  castigo  se ve atenuado por el absurdo, como cuando  se  habla de coserle la boca a un niño hablador: “Solo este parlero/ causa es de mi enojo/cósanle los labios/ con un hilo rojo”.  El rigor es mitigado por el humor, pues la  sensación de moraleja se atenúa con gracia cuando dice en un poema que al castigo nadie lo quiere ver, o adopta una posición cómplice con el niño cuando habla de la felicidad de los angelitos porque no van a  la escuela, o de Perezita  que “era muy bonita, pero no tenía manos.”

Otro tema constante es la presencia de la naturaleza, a veces leve, casi acariciante o juguetona como en los versos: “Por atrás del cerro/ viene el aguacero:/ como un hombre alegre/ baja bullanguero. O la neblina que “ pasa lenta y triste/ casi como el humo; transmitiendo una idea de misterio y desolación.

También lo irremediable

La muerte, la ausencia y la soledad cargadas de resignación  tienen una presencia constante   en su poesía, desde el primer verso: “Este niño se ha dormido/aunque yo no lo quería.” “Para siempre, así dormido/ hace mi padecimiento.” A pesar de  la situación dramática se evidencia dulzura y calma. Luego  la tristeza se traslada al aula de un salón de clases: “…ese día, para siempre/ !ay! quedó vacío un banco.” La certeza absoluta del poder de la muerte: “mas el que ha de oírme/ no me escuchará. No hay quejas, llantos ni aspavientos ante  la muerte; esta se acepta y ocurre constantemente: el niño que no va más a la escuela, el monito que se murió “como muere todo hombre”, Marianita Coronel que se quedó calladita y ya no pudo contar más o el gago José Adrianzén… todos personajes sencillos  y entrañables que pueblan el universo  de los niños en el campo.

El poeta  expresa en forma  intimista la vida del campo con su quehacer cotidiano. Están presentes los animales más humilde :  la araña pequeñita,  la hormiga de voz finita, el grillo, cuyo mayor tesoro era una levita bordada por la luna; el monito, los conejos , el borrico, el loro, el escarabajo, o la lorita loca, de quien dice “nadie ya la extraña/ pero yo la extraño”.

Este poemario conmueve por su originalidad y sencillez, nos transmite sentimientos  de nostalgia, a través de imágenes cotidianas que no por eso dejan de contener belleza. Por eso es importante que este género sea cultivado,  que los maestros identifiquen la buena poesía infantil y que les enseñen a los niños a sentirla y amarla.